¿Cuándo puede justificarse una guerra o una intervención militar sobre un país soberano?

En tiempos donde la palabra guerra se normaliza en titulares, discursos políticos y análisis geopolíticos, vale la pena volver a una pregunta más profunda:
¿existe una justificación moral objetiva para una guerra o una invasión? Y para mí (no necesariamente para ti, lo respeto), la única corriente jurídica que tiene legitimidad para responder esta pregunta es el Derecho Natural.

Desde el derecho natural, la respuesta es incómoda pero clara: la guerra nunca es un bien en sí. Solo puede ser tolerada moralmente como una excepción extrema, cuando no queda otro camino para evitar un mal mayor.

Esta tradición —que se remonta a Aristóteles, pasa por San Agustín y se sistematiza con Santo Tomás de Aquino— desarrolla lo que conocemos como la doctrina de la “guerra justa”. No como ideal, sino como un límite moral a la violencia o a un mal aún peor.

Santo Tomás establece tres requisitos indispensables, que deben darse al mismo tiempo. Si uno falla, la guerra deja de ser moralmente legítima.

Primero. La guerra solo puede ser declarada por quien tenga responsabilidad real sobre el bien común. No por intereses privados, grupos armados ni liderazgos informales. ¿Tenía el gobierno de Estados Unidos responsabilidad sobre el bien común de los venezolanos? ¿Era necesario que se interponga sobre la autoridad de un estado reconocido por ese bien común?

Segundo. Causa justa. Este es el núcleo del juicio moral. Desde el derecho natural, solo tres causas pueden considerarse justas: Legítima defensa frente a una agresión real y actual. Protección de inocentes ante un daño grave, cierto e inmediato. Restitución de un derecho gravemente violado, cuando no existe ningún otro medio eficaz.

Ese evidente que no constituyen causa justa: expansión territorial, control de recursos estratégicos, cambio de régimen por conveniencia, imposición ideológica, cultural o política, guerras “preventivas” basadas en hipótesis vagas.

Finalmente, y en tercer lugar, la “guerra justa” debe tener una intención recta. Incluso con causa justa, la guerra es inmoral si la motivación real es otra que las mencionadas. No existe guerra justa ni acto de violencia legítimo por venganza, “castigo ejemplar”, humillación del enemigo, dominación, o beneficio económico. La única intención moralmente válida es restablecer la paz y el orden justo, no perpetuar el conflicto.

Pero aún así, la tradición del derecho natural desarrolló filtros complementarios que hacen todavía más excepcional la legitimidad de una guerra. Si existen medios diplomáticos, jurídicos, económicos o políticos razonables, la guerra es injusta.

El uso de la fuerza solo es admisible cuando todo lo demás ha fallado de manera comprobable. ¿Falló, por ejemplo, la diplomacia en el caso venezolano? ¿Hasta dónde esperar que la diplomacia funcione?

El daño causado por la guerra no puede ser mayor que el mal que se busca evitar.
Si la “cura” destruye más de lo que pretende proteger, la guerra pierde toda justificación moral. ¿Lo aplicamos a la Franja de Gaza? O mejor aún, ¿lo aplicamos a todos los daños causados por el ejército chileno en la Guerra del Pacifico?

Debe protegerse de manera estricta a los no combatientes: civiles, niños, ancianos, poblaciones vulnerables. El ataque deliberado a inocentes es siempre injusto, incluso en una guerra que comenzó con causa legítima.

¿Conclusiones? Tengo varias, pero bajo este prisma podríamos analizar cualquier conflicto actual: Venezuela, Medio Oriente, Ucrania, e incluso anticipadamente lo que podría ocurrir en Taiwán bajo la intervención china.

Aplicado a nuestro tiempo, esto explica por qué la mayoría de guerras modernas no superan el examen moral, aunque estén llenas de discursos técnicos, jurídicos o mediáticos. Una guerra no se vuelve justa por ser legal, popular o respaldada internacionalmente. Como diría Santo Tomás: una ley injusta no es ley, sino corrupción de la ley.

La guerra solo se tolera cuando es defensiva, necesaria, proporcional y orientada sinceramente a la paz.
Todo lo demás es violencia organizada.

Ahora haz el ejercicio de aplicación a la realidad y saca tus propias conclusiones.

mhraper1

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